Por Laura Vidal, Gerente de Operaciones de Asistente Virtual OK

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Hay historias que, aunque sucedieron hace poco, se quedan con uno porque confirman algo que los años de experiencia ya te venían enseñando.

Esta es una de ellas.

Andrés dirige una empresa del sector asegurador en Estados Unidos y es cliente de Asistente Virtual OK desde hace aproximadamente seis meses. Cuando comenzó con nosotros, necesitaba una asistente virtual Grado Técnico Plus que pudiera apoyarlo en las diferentes actividades de su operación.

Desde el principio teníamos claro que debíamos encontrar a alguien versátil, con una base sólida y, preferiblemente, con experiencia previa en seguros.

Por supuesto, toda persona que se incorpora a una empresa debe ser capacitada, sobre todo durante los primeros 30 días con un asistente virtual. Cada cliente tiene sus propios procesos, herramientas, prioridades y formas de trabajar. Sin embargo, cuando el asistente ya conoce el sector y comprende su dinámica, el camino suele hacerse mucho más sencillo.

Comenzamos la búsqueda y Andrés entrevistó a varias postulantes. Todas tenían elementos interesantes, pero ninguna terminaba de convencerlo.

Hasta que apareció Idaly.

Había algo en ella

En noviembre cumplo ocho años trabajando en Asistente Virtual OK. Después de tanto tiempo acompañando procesos de selección, vinculaciones, reemplazos y equipos remotos, he aprendido que un currículum no siempre cuenta toda la historia.

Una entrevista tampoco.

Hay personas que se desenvuelven maravillosamente durante una videollamada, pero después no logran sostener esa misma seguridad en el trabajo diario. También ocurre lo contrario: candidatos que quizás no tienen la entrevista más impactante, pero poseen la actitud, el compromiso y el potencial necesarios para convertirse en personas indispensables dentro de una empresa. Por eso, incluso con las preguntas adecuadas para entrevistar a un asistente virtual, conviene mirar más allá de la conversación.

Con el equipo de Recursos Humanos hemos revisado tantos perfiles y acompañado tantos procesos que, en ocasiones, parece que nos leyéramos la mente. Hemos aprendido a reconocer ciertas señales: quién tiene verdaderas ganas de aprender, quién va a comprometerse con el cliente, quién está dispuesto a esforzarse un poco más y quién podría llegar a sentir el negocio como propio.

Eso fue exactamente lo que vimos en Idaly.

No sé cómo explicarlo de otra manera: sabíamos que era ella.

Lo sabíamos en los huesos.

Reclutador revisando el currículum impreso de un candidato frente a un monitor con perfiles de candidatos.

Andrés ya la había descartado

Lo curioso de esta historia es que Andrés no la había considerado como su primera opción. De hecho, prácticamente ya la había descartado.

Para mí era sorprendente que no pudiera ver el potencial que nosotros estábamos viendo. Así que hablé con él y le pedí que la considerara nuevamente.

Le decía:

«Andrés, no la descartes todavía».

Volví a preguntarle por qué no quería avanzar con ella y le expliqué lo que habíamos identificado desde Recursos Humanos y Operaciones. No buscaba presionarlo ni decidir por él, porque la decisión final siempre pertenece al cliente. Mi responsabilidad era compartirle una recomendación honesta, basada en la experiencia y en el conocimiento que ya teníamos del perfil.

No fue inmediato. Debo reconocer que me costó un poco convencerlo.

Pero finalmente decidió darle la oportunidad.

Antes de cumplir el primer mes, todo había cambiado

No tuvimos que esperar demasiado para saber que habíamos tomado una buena decisión.

Antes de finalizar su primer mes, Andrés ya estaba muy contento con el trabajo de Idaly. Había encontrado en ella justamente lo que necesitaba: conocimiento, disposición, capacidad de adaptación y ganas de involucrarse realmente en la operación.

La candidata que casi había quedado fuera del proceso terminó siendo la persona adecuada.

Andrés estaba sorprendido de haber estado tan cerca de omitir su perfil. También estaba agradecido de haber escuchado nuestra recomendación. Hoy continúa satisfecho con su trabajo y, cada vez que conversamos sobre el servicio, vuelve a reconocer que seleccionar a Idaly fue una excelente decisión.

Para nosotros también es una satisfacción enorme.

No porque queramos decir «teníamos razón», sino porque sabemos lo que puede significar una oportunidad bien dada. Detrás de cada perfil existe una persona que quiere demostrar lo que sabe hacer, y detrás de cada contratación existe un cliente que necesita sentirse seguro de su decisión.

Nuestro trabajo consiste, muchas veces, en ayudar a construir ese puente.

La experiencia también se convierte en intuición

Cuando llevas años trabajando con personas, comienzas a desarrollar una intuición particular. Pero esa intuición no aparece por casualidad.

Está formada por cientos de entrevistas, conversaciones, seguimientos, aciertos y también errores. Nace de observar cómo se comportan las personas después de ser contratadas, cómo reciben una corrección, cómo responden ante la presión y cómo evolucionan cuando alguien confía en ellas.

No significa que siempre tendremos la razón ni que todas las historias terminarán de la misma manera. Cada proceso es distinto y ninguna selección ofrece garantías absolutas.

El caso de Idaly fue especial.

Fue uno de esos momentos en los que la experiencia nos permitió ver algo que no resultaba tan evidente durante la entrevista. Identificamos una combinación de actitud, preparación y potencial que encajaba con lo que Andrés necesitaba, aunque inicialmente él no pudiera verlo.

Y allí también está parte del valor de contar con acompañamiento durante una selección.

No se trata simplemente de recibir currículums y escoger a la persona que se exprese mejor. Se trata de analizar el perfil, entender la operación, escuchar al cliente y reconocer qué candidato podría adaptarse realmente a sus necesidades.

A veces, la mejor decisión necesita una segunda mirada

Una entrevista es apenas una fotografía de un momento.

Los nervios, la personalidad o la forma de comunicarse pueden hacer que una persona no muestre inmediatamente todo su potencial. Por eso, antes de descartar un perfil, conviene mirar un poco más allá:

  • ¿Tiene la experiencia necesaria?
  • ¿Demuestra disposición para aprender?
  • ¿Su forma de trabajar podría adaptarse a la empresa?
  • ¿Existe algo en su actitud que no aparece reflejado en su currículum?
  • ¿La duda nace de una incompatibilidad real o simplemente de una primera impresión?

Hoy, seis meses después, Andrés mantiene un servicio estable e Idaly continúa demostrando por qué creímos en ella desde el principio.

Esta historia me recuerda que seleccionar talento también implica aprender a observar lo que todavía no es completamente visible. A veces, la persona correcta no es la más evidente ni la que logra impresionar primero.

A veces, es aquella que solo necesita que alguien diga:

«No la descartes todavía».

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